Mientras veia el techo...

martes, mayo 15, 2007




Mientras preparaba mis cosas para dormir, esta noche pensaba en todo lo
que había pasado un día anterior. En las cosas que me dijiste, que demostraste y en lo incapaz que soy para demostrar lo mismo, o por lo menos algo parecido.

Y siempre he sido así, fuiste muy atinado al decir que mis fantasmas no me dejan vivir, es cierto; mis fantasmas son tan pesados, que los he venido arrastrando por más de 3 años a mi lado y me niego a dejarlos ir. Y ellos en su afán de mantenerme a su lado, me hacen la promesa de que pronto estarán aqui, de que a pesar de todo, ellos se reconocen en mí y viceversa. Cada noche se está haciendo más larga que de costumbre, sólo por la incertidumbre de no saber que será lo que va a pasar.

No quiero juzgar, mucho menos valorar. Ahora sólo sé que no soy un ser estable y en mi afán de disfrazar a mi tristeza con felicidad, me estoy haciendo más triste cada día; pero no es por que quiera, sino que hay una simple razón para que mis dualidades salgan a la luz: estoy harta de aparentar ser la que no soy, de quedar en los moldes preconcebidos de todas las personas, especialmente de aquéllos que están cerca de mi y dicen llamarse familia…. Bah… familia…

Si ellos tuvieran noción real de lo que es una familia, no tendrían el descaro de frustrar los planes de los demás de la manera en que lo hacen, pero eso es harina de otro costal.

Por ahora, lo que me preocupa es describir que fue lo que pasó ésa noche, que mientras la tristeza se acumulaba más, descríbí y escribí lo que mi mente pensaba y el corazón sentía…

Siempre hay una jornada fuera de serie en que uno logra sentirse sereno, pero esta lejos de ser una etapa estable, ya que la serenidad no es el mejor de los estados posibles e imposibles.

Hoy por ejemplo, tomo distancia con respecto a las situaciones y a mí misma, y no por eso echo al olvido lo bueno que fue o lo bueno que será, si no que procuro estar dentro del entrevero, pues después de todo la famosa serenidad es como una isla autorizada, como legal e inexorablemente llena de emociones clandestinas.

Todavía me siento un poco incómoda en mis primicias de serena como quién entra en un traje nuevo dónde queda largo el saco.. pero aún así, sigo opinando que el cuerpo y el alma son animalitos de costumbres, y mañana la incomodidad será menor y me iré habituando a estar serena

Y eso me llena de alegría, pero es claro que se trata de una alegría serena… y en consecuencia uno no sale a dar abrazos, ni pega gritos, ni le canta al cielo… a lo sumo, archiva caricias y quizá algunos prólogos, prólogos de historias que nunca terminarán y que apenas comienzan.

Mi abuela decía que ésos prólogos son los mejores, por eso yo decido quedarme con el primer prólogo, pues son los que más belleza poseen, los que más inocencia tienen y que a la larga, no se ven viciados por la costumbre y desesperanza.

Ahora, también llega a invadirme el desconsuelo, pero ésta vez se trata de un sereno desconsuelo y por lo tanto nadie solloza, ni dice nada, ni reacciona, sencillamente como algo mecánico, tomo los corazones y las emociones y las revuelvo, como sin con eso pudiera desaparecerlas, y en mi intento las transformo, las manejo y las cambio por los más puros sentimientos ….de amistad.

Lo único extraño viene en la noche, pues se presume que una persona serena ha de dormir serenamente, pero yo paso horas y horas mirando al techo o sea que no sé hasta cuándo estaré serena porque la calma ya no me da abasto…

Y dicen por ahí que hay que confiar….
…porque no hay mal que dure 100 años…
…los fantasmas se irán… en no más de 100 años..

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