Los formales y el Frío.

viernes, septiembre 15, 2006




Quién iba a preveer que el amor -él informal-
se dedicara a ellos-tan formales-

mientras almorzaban por primera vez -ella muy lenta y él no tanto-
y hablaban con sospechosa objetividad
de grandes temas en dos volúmenes
su sonrisa -la de ella-
era como un augurio o una fábula
su mirada -la de él-
la tomaba nota
de como eran sus ojos -los de ella-
pero sus palabras -las de él-
no se enteraban de esa dulce encuesta.

Como siempre -o como casi siempre-
la política condujo a la cultura
así que por la noche concurrieron al teatro
sin tocarse una uña o un ojal
ni siquiera una hebilla o una manga
y como a la salida hacía bastante frío
y ella no tenía medias
sólo sandalias por las que asomaban
unos dedos muy blancos e indefensos
fue preciso meterse en un cafe

y ya que el mesero demoraba tanto
ellos optaron por la confidencia
extra seca y sin hielo por favor.

Cuando llegaron a su casa -la de él-
ya el frío estaba en sus labios -los de ella-
de modo que él -como fábula y augurio-
le dió refugio y un saco caliente.

Una hora apenas de biografía y nostalgias
hasta que al fin sobrevino un silencio -como se sabe en estos casos es dolente-
decir algo que realmente no sobre.

Él probó -solo falta que te quedes a dormir-
y ella probó -¿puedo quedarme?-
y él -ni siquiera lo preguntes-
y ella -bueno, ¿por qué no?-

de manera que ella se quedó -en principio-
a besar sin usura sus labios fríos -los de él-
después el besó su cuerpo -de ella-

que a esas alturas ya no estaba tan frío
y sucesivamente así, mientras los grandes temas
dormían el sueño que ellos no durmieron.

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